El portaaviones francés Charles de Gaulle ha sido rastrado en tiempo real gracias la actividad de un oficial en la aplicación móvil Strava. Esta popular herramienta es usada habitualmente por aficionados al deporte para trazar sus rutas en bici, corriendo o incluso nadando.
El militar había salido a correr en la cubierta del barco con la app activada, lo que generó un trazado GPS que, al ser público, permitió identificar con bastante precisión la posición del buque. Cruzando esos datos con mapas y patrones de movimiento, fue posible seguir el desplazamiento del portaaviones prácticamente en directo, algo especialmente sensible en un contexto de operaciones militares.
“El 13 de marzo, a las 10:35 de la mañana, en medio del oleaje, Arthur (nombre ficticio), un joven oficial de la Armada francesa, salió a correr dando vueltas a la cubierta del barco donde trabajaba. Para registrar su recorrido —algo más de 7 kilómetros en 35 minutos— utilizó el reloj inteligente que llevaba en la muñeca. Los datos recopilados se subieron a internet”, señala el rotativo francés. “Porque Arthur tiene un perfil en la aplicación deportiva Strava, y es público: cualquiera puede verlo”.
A principios de marzo, pocos días después del inicio de la guerra entre Israel, EE.UU. e Irán, Emmanuel Macron anunció el despliegue de la fuerza naval francesa, incluyendo el mencionado portaaviones, además de tres fragatas y un buque de suministro.
Quién sabe dónde
No es la primera vez que los datos de tropas o distintos ejércitos se filtran mediante el uso de aplicaciones de fitness y, en concreto, de Strava. Pese a las advertencias en este sentido, muchos siguen compartiendo sus rutas y rutinas físicas por desconocimiento o inconsciencia.
El primer gran caso estalló en 2018, cuando el servicio publicó su mapa global de actividad —el llamado heatmap— que agregaba miles de millones de recorridos de usuarios por todo el mundo. Lo que pretendía ser una visualización curiosa del ejercicio físico acabó revelando algo mucho más sensible: en zonas remotas como Afganistán o Siria, donde apenas hay población civil usando la app, los únicos trazos luminosos correspondían a bases militares.
Esto permitió identificar instalaciones que no estaban claramente documentadas y, en algunos casos, incluso deducir su estructura interna, rutas de patrulla y hábitos diarios de los soldados. El escándalo fue inmediato porque no se trataba de un hackeo, sino de información pública agregada que, combinada, exponía detalles estratégicos.

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