China inicia una investigación sobre los productos de la firma estadounidense Palo Alto Networks

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La encarnizada guerra comercial que mantienen China y EE.UU. sigue extendiendo sus tentáculos al sector tecnológico. La Administración del Ciberespacio de China (CAC por sus siglas), organismo regulador en temas TIC del país, ha anunciado una revisión de ciberseguridad de los productos de la compañía estadounidense Palo Alto Networks.

Se trata de una empresa líder en ciberseguridad que fabrica y comercializa soluciones avanzadas para proteger redes corporativas, entornos en la nube y dispositivos finales. Su oferta principal combina hardware físico, como sus reconocidos Firewalls de Próxima Generación (NGFW), con software y servicios en la nube diseñados para bloquear brechas de seguridad. Toda su infraestructura está potenciada por Precision AI, su plataforma de inteligencia artificial que automatiza la detección y respuesta ante amenazas digitales en tiempo real.

En un escueto comunicado, el regulador mandarín señala que, «con el fin de garantizar el funcionamiento seguro y estable de la infraestructura de información crítica, prevenir los riesgos y vulnerabilidades de ciberseguridad y salvaguardar la seguridad nacional» y de conformidad con la Ley de Seguridad Nacional de la República Popular China y la Ley de Ciberseguridad de la República Popular China, la Oficina de Revisión de Ciberseguridad, una investigación de los artículos del fabricante vendidos en China.

Más allá de esto, desde el organismo no han realizado ninguna otra declaración al respecto. No obstante, se teme que en breve Pekín pueda llegar a prohibir la venta de estos equipos y sistemas en ciertos supuestos en el territorio, como ya ha ocurrido en el pasado con otras compañías norteamericanas. 

«Mantenemos los más altos estándares de conducta empresarial, prácticas de seguridad y ética en todas nuestras operaciones globales. Por el momento, no hay ningún impacto en nuestra capacidad para brindar soporte a los clientes ni para ofrecer nuestros productos y servicios en la región», ha señalado un portavoz de la compañía tecnológica. 

Precedentes preocupantes

No es la primera vez que China pide investigar a una empresa TIC de origen estadounidense. La situación recuerda poderosamente a la investigación que Pekín abrió en 2023 sobre la seguridad de los productos del fabricante de memorias Micron, la cual la CAC anunción inesperadamente. 

Semanas después de este anuncio, la institución china dictaminó que estos componentes suponían un riesgo de seguridad inaceptable para los operadores de infraestructuras críticas, prohibiendo la venta de estos artículos de Micron a dichas entidades. En ningún caso, esta administración ofreció una explicación detallada de su decisión. 

Finalmente, debido a las trabas administrativas y comerciales, la compañía dejó de vender sus memorias para centros de datos y servidores en China, lo que le costó perder miles de millones de dólares en ingresos. Al mismo tiempo los fabricantes de memorias chinos aprovecharon la oportunidad y ocuparon ese hueco de mercado dejado por la empresa americana. 

Algo parecido podría ocurrir si Palo Alto corre la misma suerte. El país asiático alberga empresas de seguridad locales cuyos catálogos coinciden con esta empresa y que podrían beneficiarse del veto. 

La encarnizada guerra comercial que mantienen China y EE.UU. sigue extendiendo sus tentáculos al sector tecnológico. La Administración del Ciberespacio de China (CAC por sus siglas), organismo regulador en temas TIC del país, ha anunciado una revisión de ciberseguridad de los productos de la compañía estadounidense Palo Alto Networks.

Se trata de una empresa líder en ciberseguridad que fabrica y comercializa soluciones avanzadas para proteger redes corporativas, entornos en la nube y dispositivos finales. Su oferta principal combina hardware físico, como sus reconocidos Firewalls de Próxima Generación (NGFW), con software y servicios en la nube diseñados para bloquear brechas de seguridad. Toda su infraestructura está potenciada por Precision AI, su plataforma de inteligencia artificial que automatiza la detección y respuesta ante amenazas digitales en tiempo real.

En un escueto comunicado, el regulador mandarín señala que, «con el fin de garantizar el funcionamiento seguro y estable de la infraestructura de información crítica, prevenir los riesgos y vulnerabilidades de ciberseguridad y salvaguardar la seguridad nacional» y de conformidad con la Ley de Seguridad Nacional de la República Popular China y la Ley de Ciberseguridad de la República Popular China, la Oficina de Revisión de Ciberseguridad, una investigación de los artículos del fabricante vendidos en China.

Más allá de esto, desde el organismo no han realizado ninguna otra declaración al respecto. No obstante, se teme que en breve Pekín pueda llegar a prohibir la venta de estos equipos y sistemas en ciertos supuestos en el territorio, como ya ha ocurrido en el pasado con otras compañías norteamericanas. 

«Mantenemos los más altos estándares de conducta empresarial, prácticas de seguridad y ética en todas nuestras operaciones globales. Por el momento, no hay ningún impacto en nuestra capacidad para brindar soporte a los clientes ni para ofrecer nuestros productos y servicios en la región», ha señalado un portavoz de la compañía tecnológica. 

Precedentes preocupantes

No es la primera vez que China pide investigar a una empresa TIC de origen estadounidense. La situación recuerda poderosamente a la investigación que Pekín abrió en 2023 sobre la seguridad de los productos del fabricante de memorias Micron, la cual la CAC anunción inesperadamente. 

Semanas después de este anuncio, la institución china dictaminó que estos componentes suponían un riesgo de seguridad inaceptable para los operadores de infraestructuras críticas, prohibiendo la venta de estos artículos de Micron a dichas entidades. En ningún caso, esta administración ofreció una explicación detallada de su decisión. 

Finalmente, debido a las trabas administrativas y comerciales, la compañía dejó de vender sus memorias para centros de datos y servidores en China, lo que le costó perder miles de millones de dólares en ingresos. Al mismo tiempo los fabricantes de memorias chinos aprovecharon la oportunidad y ocuparon ese hueco de mercado dejado por la empresa americana. 

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