El 57% de la población joven de entre 15 y 29 años afirma haber sufrido algún tipo de ciberviolencia en el último año, una incidencia que asciende hasta el 69% entre adolescentes de 15 a 19 años. Además, uno de cada cuatro jóvenes reconoce haber ejercido conductas agresivas en internet o en redes sociales.
El estudio se basa en una encuesta online realizada a 1.500 jóvenes residentes en España con edades comprendidas entre los 15 y los 29 años, quienes han compartido sus experiencias y percepciones sobre las ciberviolencias.
El stalking y los insultos o expresiones difamatorias son las formas de ciberviolencia que la juventud percibe como más habituales, ambas mencionadas por el 64% de las personas jóvenes. Les siguen los discursos de odio (54%) y la difusión de imágenes manipuladas (50%). El control digital de la pareja aparece también como una práctica frecuente para el 48% de la juventud.
La difusión no consentida de imágenes íntimas es la agresión digital que más preocupa, citada por el 48% de jóvenes, seguida de los fraudes o estafas online (45%) y de las amenazas o extorsiones (35%). No obstante, determinadas prácticas de control digital presentan mayores niveles de tolerancia social: el 21% considera justificable presionar a la pareja para que deje de interactuar con alguien en redes sociales y solo al 34% le parece muy mal el stalking.
Impacto de la ciberviolencia por género
El impacto emocional de la ciberviolencia es desigual por género. El 58% de las víctimas reconoce que las agresiones condicionaron su estado emocional o su vida cotidiana y, en el caso de las chicas, el 25% afirma haberse sumido en un estado de apatía tras estas experiencias, diez puntos porcentuales más que los chicos.
Los autores del estudio enfatizan la necesidad de implementar programas educativos que ayuden a los jóvenes a identificar y manejar situaciones de ciberviolencia. Estos programas deben estar diseñados para aumentar la conciencia sobre los riesgos digitales y proporcionar herramientas para protegerse en línea. La educación en este ámbito es crucial para reducir la incidencia de ciberviolencia.
Además, el estudio destaca que las redes sociales son un espacio donde la ciberviolencia es especialmente prevalente. La naturaleza anónima y expansiva de las plataformas digitales facilita la propagación de comportamientos dañinos, lo que hace esencial que los jóvenes cuenten con el conocimiento y las habilidades necesarias para navegar de manera segura en estos entornos.
Las instituciones educativas y las familias juegan un papel fundamental en este sentido. El informe sugiere que las escuelas deben integrar la educación digital en sus currículos, mientras que las familias deben fomentar un diálogo abierto sobre las experiencias en línea de los jóvenes. La colaboración entre estos actores es vital para crear un entorno seguro.
Políticas efectivas contra la ciberviolencia
El estudio también señala que la colaboración entre el sector público y privado es esencial para desarrollar políticas efectivas que aborden la ciberviolencia. Las empresas tecnológicas, en particular, pueden desempeñar un papel clave al implementar medidas de seguridad y moderación en sus plataformas para proteger a los usuarios jóvenes.
A pesar de los desafíos que plantea la ciberviolencia, el estudio identifica oportunidades para mejorar la situación actual. La innovación tecnológica puede ser una aliada en la lucha contra este problema, mediante el desarrollo de herramientas que ayuden a prevenir y detectar comportamientos perjudiciales en línea.
El estudio concluye que, aunque se han logrado avances en la comprensión de la ciberviolencia, queda mucho por hacer para garantizar la seguridad de los jóvenes en el entorno digital. La cooperación entre gobiernos, instituciones educativas, familias y el sector privado es esencial para abordar este problema de manera efectiva y sostenible.
Ante esta situación, Fad Juventud ha lanzado la campaña ‘Desconecta la ciberviolencia’, centrada en el papel de víctimas, agresores y testigos de la violencia digital, así como en la necesidad de implicar a las familias y fomentar el diálogo. La iniciativa se completa con un nuevo programa educativo orientado a prevenir el ciberacoso en los centros escolares.









